El verano pasado fui a la playa con una amiga y su hija de 12 años. La playa en Irlanda es muy interesante para alguien que viene del Pacífico. Primero, la costa atlántica, que en mi imaginario es sinónimo de Caribe, arena blanca y palmeras, aquí es roca, olas vagas y una marea que te obliga a moverte de tu silla playera cada quince minutos. La temperatura del mar tampoco refleja el Atlántico caribeño; sin embargo, el Pacífico de la zona central en Chile no se aleja mucho de la realidad fría irlandesa. Ni qué decir de mis tiempos en Niebla, Valdivia, donde creo que apenas me daba para mojar los pies.
En este paisaje, mirando el océano, observé a la hija de mi amiga, Aobha (nombre irlandés que se pronuncia Ei-ba y Eva o bella sería la traducción), nadando con una cola de sirena en el mar. Pasó horas en el agua. Cuando volvió a sentarse con nosotras, le pregunté sobre su hermosa cola de sirena. Mi sorpresa ante su respuesta fue tan inspiradora que necesitaba compartir esta historia.
Aobha me respondió: «Esta es mi cola de sirena que uso desde hace años, hasta que pueda adquirir la cola profesional.» «¿Cola de sirena profesional?» pregunté. «Sí, así puedo ser sirena cuando sea grande…». Ser sirena cuando sea grande, con una cola profesional… Sentada en la costa atlántica irlandesa entre viento y acantilados, algo resonó profundamente en mí con su sólida respuesta.

Primero, qué claridad para una niña de 12 años saber su futuro, su pasión, su encanto, como queramos llamarlo. Esto ya es en sí inspirador.
Segundo, se puede ser sirena profesional en este mundo. No es un trabajo mitológico, es una forma real de generar ingresos. Muchas personas se dedican y entrenan en el nado de sirena.
Tercero, esta opción, que estaba totalmente fuera de mi limitado sistema de creencias en relación al trabajo y cómo generar recursos, me abrió a un mundo paralelo, o entre bordes.
Dado que crecí en un país donde el título universitario es una cosa formal que define identidad y status, ¿teníamos en aquellos tiempos la posibilidad de imaginar futuros como este? Reconozco también que es un privilegio de países europeos y ricos donde la pasión y vocación no siempre se limitan a la sobrevivencia material y económica, con gobiernos de bienestar que sí funcionan. Pero, aquí estaba, en esta conversación con Aobha, enfrentándome a aguas desconocidas. En el diálogo que continuó, ya que mi curiosidad también se expandía mientras la escuchaba, le pregunté: «¿Y qué puedes hacer como sirena?» «Puedo trabajar en películas, en acuarios, en shows para niñ@s, en cruceros, etcétera, etcétera… Sigo a una serie de sirenas profesionales en el mundo vía Instagram.»
Y sí, toda esta maravillosa conversación playera me inspiró a reflexionar sobre la libertad que tiene Aobha para seguir sus sueños sin limitaciones y confiar en su talento. También quiero destacar el apoyo incondicional de su mamá, que no solo respeta el sueño de Aobha, sino que además ha estado ahorrando durante años para comprarle una cola profesional y llevarla al mar siempre que pueden. Cabe mencionar que la técnica de nado con cola de sirena es compleja, incluso para nadadores experimentados. A pesar de vivir en un país ‘avanzado’, Aoibha no está exenta de dificultades familiares y personales. Sin embargo, ella confía en sí misma, sigue su sueño y, al mismo tiempo, inspira a otr@s a seguir los suyos.
¿Cuántos millones de trabajos u oficios existen que uno ni se imagina?
Después de conocer a Aobha, he ido registrando cada conversación que tengo con personas que han encontrado oficios o formas de vivir que se alejan de lo que entendemos por convencional. Creo que una de las cosas más fascinantes de viajar y vivir en distintos lugares, o tal vez sea mi lado antropológico, es la oportunidad de conocer mundos paralelos, o simplemente otros mundos. Espero ir compartiendo estas historias con el fin de inspirar, reflexionar y, por qué no, motivar a quienes tienen sueños que parecieran ser imposibles, se conviertan en reales aquí o en cualquier rincón del planeta…
Escrito por Su Cabezas

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