El intercambio colombino

Hace tiempo, no me acuerdo dónde ni a pito de qué, me enteré de que el tomate es un alimento de origen americano. Y pensé “suena correcto, la palabra tomate tiene un aire azteca”. Pero luego me cayó la teja de que, si eso es así, entonces el tomate llegó a Europa después de la colonización, o sea, después del año 1500. Y eso sí que me llamó la atención.

Inmediatamente pensé en la salsa boloñesa, la salsa napolitana o la pizza con tomate, cosas tan, pero tan profundamente italianas, cosas que una piensa que han estado allá toda la vida, como el arroz en Asia, ¡y resulta que no! Antes de América no había pizza con tomate. Notable.

Y ahí ya me picó el bichito y quise saber qué otras cosas que hoy una piensa que son del mundo entero, en realidad solamente entraron en las cocinas extranjeras después del paso de Colón por estas longitudes.

Aquí vamos

¡La papa! Es que esta me impacta más que el tomate. ¿Las famosísimas, consumidas en el mundo entero, papas fritas? Post América. Y más encima en inglés les dicen french fries… No solo eso, ¿la deliciosa tortilla de patatas españolísima? Americanísima.

Qué tal este otro: la frutilla (o fresa, como le dicen en otras latitudes/longitudes). La que hoy comemos todos es un cruce entre la Fragaria chiloensis de Chilito y la Fragaria virginiana del este de Norteamérica.

El maíz asumo que no le sorprende a nadie, ¿no? Al menos para mí, sí que es algo muy americano. ¿Pero se dan cuenta que eso implica que las palomitas de maíz son post Colón? Bueno, post Colón para el resto del mundo, claro está. Seguro que los aztecas veían los juegos de la pelota comiendo palomitas, ¡ja!

Este también es increíble: el maní. Yo lo tiendo a asociar más a la cocina asiática que a la americana, pero no, es andino. Tal vez si lo llamáramos cacahuate como en otras partes hubiera hecho la conexión.

Este me gusta por el significado de su nombre: el chocolate. A la bebida que los centroamericanos preparaban con semillas de cacao, ingrediente fundamental del chocolate, le decían (y le siguen diciendo) xocoatl, que significa “agua amarga” en náhuatl. Después que supe eso me pareció obvio que era una palabra de esos lados, como tomate.

La vainilla la descubrí buscando información sobre el chocolate. Leí que los centroamericanos a veces le agregaban vainilla a su xocoatl y me dije “¿¡la vainilla también!?”. Pues sí, la vainilla también, señores pasteleros franceses. Joder que se come bien en América.

A parte de los alimentos, hay otras cosas que me sorprendieron saber que son americanas, como los cactus. Por supuesto que hay plantas adaptadas a los desiertos en todo el mundo, pero los cactus, esos que una se imagina parecidos a una persona de pie con los brazos en 90 grados, son endémicos de América.

Los zorrillos y los picaflores también son exclusivos de estos lados. Me enteré que eso es así cuando unos amigos españoles nos fueron a visitar a EEUU. Andábamos por alguna carretera y llegó ese olor tan característico de zorrillo atropellado (minuto de silencio). Ellos no tenían idea de qué era y nosotros dijimos “zorrillo, ¡obvio!”. “Es que no hay zorrillos en Europa”. Sé lo que estás pensando: “¿Y Pepe Le Pew?”. Inmigrante.

Y pienso qué estarían comiendo los europeos si no hubiesen decidido conquistar el mundo entero… En realidad, estarían comiendo un montón de cosas ricas, como el pan y todas las delicias que se hacen con harina de trigo; la infinidad de derivados de la leche de vaca, como quesos, mantequilla, crema, yogurt; vino, gracias por el vino; cerveza, gracias por la cerveza; aceite de oliva, Dios, qué delicia; ajo, cebolla, zanahoria, albahaca; en fin, un montón de cosas. Eso no significa que todo eso sea de origen exclusivamente europeo, pero como Europa, Asia y África están conectados, han tenido un flujo de mercancías toda la vida. En cambio, las cosas americanas estaban acá no más.

Y eso es el intercambio colombino, término que me enseñó Chat GPT al pedirle ayuda para escribir este artículo. Es ese movimiento de aquí para allá y de allá para acá de plantas, animales, culturas, enfermedades y tecnologías que ocurrió luego de la colonización de América.

Eso da para mucho que hablar. Más allá de que haya sido algo bueno, algo justo o algo equilibrado (no, no lo fue ni por si acaso), acá lo que quiero expresar es esa noción humana de que el mundo es como lo conozco yo y así ha sido siempre. Esa sensación de eternidad que tenemos, restringida al tiempo que dura nuestra propia vida, independiente de que sepamos que cambia todo cambia. Para que hoy todos asociemos el tomate a la cocina italiana fue necesario que Europa se decidiera a cruzar el océano. ¿Hubiera sido lindo que al llegar a estas tierras nos hubieran tratado como iguales y reconocido el valor de nuestros pueblos y civilizaciones en lugar de decidir que todo era de ellos y que tenían que dominarnos? Por supuesto, pero las cosas son como son, no le pidamos peras al olmo (o tunas al palto, para mantener la temática americana).

Escrito por Pauli Andreu


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