La idea de viajar casi siempre viene acompañada de una visita a algún museo. Y con disculpas a mis amig@s museólog@s, durante mucho tiempo tuve esa imagen clásica de vitrinas llenas de objetos antiguos, acompañadas de textos eternos y difíciles de leer. A pesar de que me encanta la historia, muchas veces me costaba conectar con esos relatos fríos y distantes.
Por suerte, esa idea un tanto anticuada del museo ha ido cambiando. Hoy existen espacios dedicados a todo tipo de temáticas, desde lo cotidiano hasta lo insólito. Y es ahí donde encontré mi lugar. En cada viaje, decidí desafiar esa visión del “museo aburrido” y buscar propuestas distintas, con nuevas narrativas, enfoques curiosos y, por qué no, un poco de humor.
Fue así como llegué a un listado de los museos más raros del mundo… ¡y sin darme cuenta ya había visitado varios!
Aún tengo muchos por conocer: el museo subacuático en México, el de collares de perro en Inglaterra, o el de comida quemada en Estados Unidos. También están los que rayan en lo absurdo, como el museo de rocas que parecen caras humanas en Japón, el museo del calcetín (sí, también en Japón) y, por qué no, el museo de la caca en Inglaterra.
¿Te interesa lo macabro? Puedes visitar el museo de la tortura en Praga, el de la lepra en Noruega y Alemania, el museo del demonio en Lituania, o el del crimen y las armas en Inglaterra, donde incluso hay una sección dedicada a Jack el Destripador.
Y también están los museos en Sudamérica que celebran nuestras propias rarezas: el museo de la papa en Chiloé y Perú, el museo del botón en Argentina (junto al museo de la deuda internacional Argentina), o el ya cerrado pero muy comentado museo de Pablo Escobar en Colombia.
Aquí les comparto algunos de los museos más curiosos que he visitado personalmente. Ideal para quienes aún creen que todos los museos son iguales y están hechos solo de objetos antiguos y relatos eternos.
Museo de rupturas amorosas (broken relationships) – Zagreb, Croacia
Caminando por Zagreb me topé con una puerta y un cartel que decía: Museum of Broken Relationships. La curiosidad fue inmediata. ¿Un museo sobre rupturas amorosas? ¡Claro que entré!
La propuesta es simple pero poderosa: objetos que las personas han querido dejar atrás luego de una relación fallida. Hay cartas, peluches, camisetas, CDs, electrodomésticos, ¡hasta un tostador! Cada pieza viene acompañada por una historia. Algunas tristes, otras divertidas, todas profundamente humanas. (Confieso: solo con leer la antesala me bastó… tal vez porque andaba en modo love is in the air).
Museo del Pene – Reikiavik, Islandia
Sí, suena raro. Pero estaba de luna de miel en Islandia, y el museo quedaba justo al frente… así que ¿por qué no?
El Museo del Pene reúne todo tipo de representaciones fálicas: desde arte y esculturas hasta muestras en frascos gigantes de vidrio. Penes de ballena, caballo, y un largo etcétera. Incluso tienen lámparas, alfombras y souvenirs decorados con penes de todos los diseños y tamaños posibles. Puedes llevarte un imán para el refri, o un llavero de recuerdo.
¿La sorpresa más inesperada? ¡Un indio pícaro chileno como parte de la colección!

Museo del Papel – Basilea, Suiza
Tal vez no entra en la categoría de “raro”, pero es uno de mis favoritos.
Este museo es un recorrido íntimo por la historia del papel, la imprenta y la escritura. Desde los primeros papiros hechos con distintas fibras, hasta las primeras imprentas, máquinas de escribir y computadoras. Lo mejor: ¡puedes hacer tu propia hoja de papel artesanal! Un museo precioso, interactivo y cargado de historia, que nos recuerda cómo algo tan cotidiano nos cambió la vida y el mundo.
Museo del Louvre – París, Francia
No podía dejar fuera al Louvre, aunque claramente no es raro… al menos, no en el sentido tradicional.
Lo que sí me pareció rarísimo es que, en medio de tantas obras maestras y tesoros culturales, no haya una sola mención al cómo llegaron allí muchas de esas piezas. No hay espacio para una reflexión crítica sobre el colonialismo, el saqueo, o el rol de los grandes museos como guardianes —¿o apropiadores?— del patrimonio de otras culturas. Ver murales bizantinos completos instalados como si nada, sin contexto, me impidió disfrutar de lleno la experiencia en el Louvre.
Por eso, incluso el museo más famoso del mundo puede ser “raro”: no por su contenido, sino por las preguntas que decide no hacerse.
En fin, hay museos para todos los gustos. Y aunque aún amo los museos históricos, hoy también busco aquellos que me sorprendan, me incomoden, o me hagan reír. Lugares donde los objetos no solo cuenten historias del pasado, sino que nos hablen del presente…
¿Y tú? ¿Qué museo raro te gustaría visitar?
Escrito por Su Cabezas
Collage de la portada hecha con imágenes obtenidas de http://www.freepik.com

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