Quienes Somos

Nos conocimos en el último año de colegio, en 1998. Teníamos ideas afines e hicimos buenas migas rápidamente. Entramos a la universidad, una se fue a Valdivia, la otra se fue a hacer un postgrado en España. Una volvió a Santiago, la otra se fue un tiempo a Estados Unidos. Estuvimos unas semanitas valiosas viviendo juntas antes que una se fuera a Canadá para ya no volver más a Chile, a no ser por visitas muy esperadas. Y en todos estos años de ir y venir la amistad siempre estuvo viva, a veces más intensa, a veces más distante, pero siempre ahí.

A lo largo del tiempo, en variadas y larguísimas conversaciones, hemos ido acumulando una serie de preguntas, reflexiones, e incluso incomodidades al confrontar las múltiples contradicciones y, a ratos, los sinsentidos de nuestras propias experiencias. Pero sobre todo, la seguridad de saber que no estamos solas, que lo que vivimos y las preguntas que nos hacemos no son cosas raras y ridículas, sino cuestionamientos que al compartirlos se vuelven valiosos y generan todo tipo de respuestas.

Los resultados de estas conversaciones entre dos amigas de toda la vida son las que alimentan este espacio, que se nutre de un sinfín de vivencias: viajes, lecturas, series, música y un montón de otros intereses que van desde mundos paralelos, elfos, niñas que quieren ser sirenas y el efecto de júpiter en mi casa diez, hasta la realidad misma y el avance de la ciencia.

El «efecto borde»: donde surgen nuevas ideas

El término «efecto borde» describe un territorio fértil y diverso que emerge del encuentro entre dos o más ecosistemas colindantes. Este intercambio no solo genera nuevas especies, sino también nuevas ideas, ofreciendo posibilidades creativas que desafían los límites de su entorno.

Efecto borde es también uno de los pilares de la permacultura, una filosofía que nos ayuda a sintetizar nuestros diálogos y situarlos en un contexto más amplio y diverso.