¿Y si te dijera que una de las formas más radicales de combatir el cambio climático empieza en el lugar más íntimo y cotidiano de tu casa? No tiene nada que ver con paneles solares ni autos eléctricos, sino con la caca.
Cada vez que alguien me pregunta qué se puede hacer para contribuir contra el cambio climático, o si de verdad vale la pena hacer el esfuerzo, siempre me viene a la mente esta historia. Porque es radical, reveladora y sí, es una historia real.
Conversando con una querida amiga sobre estos temas, ella me dijo una frase que nunca voy a olvidar:
“Bueno, si hay que hacer algo por el planeta, hay que partir por hacernos responsables de nuestra propia mierda.”
Esa frase fue inolvidable. Así, sin filtros. Jeanne -mi amiga- estaba en el proceso de instalar un baño seco en su casa y usar sus propios residuos en el compost de su jardín.
Jeanne es una de esas personas que te remueven el piso. La admiro profundamente por su convicción y sabiduría. Me enseñó que la forma más auténtica y radical de activismo comienza en casa, con decisiones personales… y sí,también con tus propios desechos. Aquí les cuento cómo este “practivismo” se llevó a cabo en la vida real.
Jeanne vive en un pequeño pueblo en Irlanda. Tiene dos hijas adolescentes, y juntas tomaron una decisión drástica: romper el baño. Literalmente. Sacaron el WC, se desconectaron de las cañerías, y en su lugar pusieron un balde inserto en una caja de madera decorada. Al lado, otra cajita con aserrín.
El baño de Jeanne no huele a rosas, pero tampoco apesta. Huele a tierra, a bosque seco y a pesar de ser más alto que un WC normal, tiene un pequeño piso para descansar tus pies. Cada vez que se usa, se cubre con aserrín, y cuando se llena, se turnan para vaciarlo en el compost que tienen al final del patio.

Les tomó un par de meses reconstruir todo el baño, re-decorarlo, y sobre todo asumir el nuevo hábito: en vez de tirar la cadena y gastar litros de agua potable, ahora toman su balde y lo vacían conscientemente. Una acción tan simple, pero profundamente revolucionaria.
Desde que dejaron de usar el WC, han ahorrado miles de litros de agua al año. Y lo más bonito: todo lo que compostan alimenta un jardín de hierbas medicinales que está lleno de abundancia. Porque entre otras cosas, Jeanne es artista y herbalista.

A pesar de estar casi al borde de la ilegalidad en Irlanda —porque acá no es tan simple desconectarse del sistema público de aguas servidas (me encanta ese término: “aguas servidas”, como si alguna vez hubieran servido de algo)— Jeanne encontró su forma de hacer activismo, o practivismo.
Quizás nunca la veas en una marcha ni con una pancarta en mano. Pero mientras tanto, ella asume la responsabilidad completa de su impacto, comenzando por donde casi nadie quiere mirar. Porque a veces el activismo no se grita, se composta. Y a veces, la revolución empieza justo ahí… en el lugar más íntimo de tu casa, convirtiendo la mierda en abundancia.
Escrito por Su Cabezas

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