Un poco de imperfección, un poco de espacio, un poco de soledad

Este dibujo tiene un sabor especial para mí porque me habló de dos cosas en dos momentos distintos. Primero, el momento en que lo hice. Me gustó desde un principio porque no quedó perfecto, de hecho tiene varios errores. Los ojos no están bien alineados y la boca quedó un poco rara. Pero esas imperfecciones me encantan, siento que le dan vida, que lo hacen real. También me gusta la actitud de su cuerpo, con la cabeza un poco hacia adelante, como haciendo una pregunta o esperando una respuesta. Su jardinera y su polera con un sol tiene algo un poco infantil, un poco ingenuo y eso me hace sentirla honesta. Es un dibujo que me sugiere cosas. Si bien ella está quieta, hay movimiento en la espera de esa pregunta o respuesta.

El segundo momento fue cuando lo enmarqué. Porque cuando lo hice la posicioné al centro de la hoja, pero al enmarcarlo la moví para allá y para acá y cuando la vi a un costado me emocioné. Le dejé la espalda vacía, como si ella quisiera tener ese vacío en ese lugar. Me dio la sensación de que estaba sola. Pero no era un mal sola, no era un “pobrecita ella que no tiene a nadie”. Lo sentí más como un entendimiento de que esa soledad es necesaria y útil y ella me la estaba mostrando. Trae tranquilidad y espacio. Sobre todo espacio. Espacio para hacer esas preguntas o registrar esas respuestas, ya sea desde la mujer adulta o desde la niña con una polera del sol.

Y ahora tengo ese dibujo frente a mí todo el tiempo y cada vez que lo miro me vuelve a inspirar esa sensación de soledad tranquila. Su mirada inquisitiva me estimula, como si estuviera conversando directamente con mi alma. Y me hace pensar que ese espacio vacío no está vacío, está lleno de lo que no se puede ver y de lo que te acompaña pase lo que pase.

Escrito por Pauli Andreu


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