Piedras agujereadas: un portal hacia… ¿dónde?

Piedras agujereadas

Hace poco fui a visitar a mi amiga Trini a la playa. Me llevó a ver enormes granitos moldeados por el agua y el viento, y a buscar piedras, ramas, plumas y todo tipo de pequeños tesoros costeros. Una de esas cositas especiales, que mantienen su especialidad aunque vivas ahí mismo, son las piedras agujereadas, es decir, piedras que tienen un agujero formado por causas naturales que las cruza por completo.

Hay muchos cuentos, historias, mitos y creencias detrás de las piedras agujereadas. En el norte muy norte del mundo les dicen las piedras de Odín, porque hay un mito que cuenta que Odín quería robar el hidromiel de la poesía al gigante Suttung, quien lo tenía guardado en una montaña. Así que se las ingenió para hacer un hoyo en la roca de la montaña y llegar al lugar donde estaba guardado lo que buscaba. Sí, hay un tema de escalas, no es lo mismo una piedrita de río que una montaña, pero a los vikingos estas piedritas con hoyos les recordaban esa historia y las llamaron piedras de Odín. Según ellos, no tenían ningún poder especial más que evocar el mito.

Un poco más al sur, en las islas Británicas, están las hagstones o piedras brujas. Se les atribuían poderes para protegerte de la brujería, como mantenerte a salvo del mal de ojo, hechizos malignos y, en particular, contra el hag-riding, hoy conocido como parálisis del sueño.
Otros las llaman piedras de hadas porque, en esta tradición, se cree que al mirar por el agujero se puede ver el mundo de las hadas o averiguar si esa persona que tienes delante es o no un duende o hada. Y, si quieres deshacerte de las malas vibras, hay quienes creen que estas piedras son un diminuto portal que puede usarse para invitar las energías positivas o expulsar las negativas.

Y así.

Hay un montón de mitos y creencias en torno a ellas. Pero lo que me hizo escribir este articulillo fue lo que me dijo la Trini: cuando miras a través de estas piedras puedes ver la verdad. En realidad, no fue tanto eso lo que me llamó la atención, sino lo que me dijo mi ahijado cuando se lo conté. Me dijo “ah, entonces ves la realidad”. Soltó esa frase así como una broma, como que obvio que vas a ver lo mismo que ves sin ella, o sea, la realidad. Pero luego me dije “¿y no es esa la verdad?”.

Me hizo pensar en lo que dice Anthony de Mello, que para curarse de las ilusiones hay que estar en contacto con la realidad, porque, para él, ahí es donde está la verdad. La realidad simplemente ES, no tiene la intención de ser ni buena ni mala. Es esa constante pelea con la realidad lo que nos genera angustias, depresiones y ansiedades. Tratamos de culparla por lo que nos pasa, de cambiarla para que se acomode mejor a nuestros deseos y, a veces, pareciera funcionar, pero luego retoma su curso y nuestros planes e ilusiones se desmoronan. Siempre la estamos interpretando, clasificando, buscándole la quinta pata al gato, y al final solo terminamos más confundidos. Dejamos de ver la verdad.

Entonces aparece la idea de esta piedra: pasar la realidad por su agujero y así deshacernos de esa distorsión. ¿Lo han hecho alguna vez? Me refiero a mirar a través de algo pequeño. Pues es notable cómo el mundo se simplifica y de pronto te empiezas a fijar en detallitos que habías pasado por alto porque la realidad es tan re grande y compleja. Pero, tal vez, al enfocarnos en una pequeña sección de lo visible se nos podría revelar lo oculto y aparecería eso que estábamos ignorando; tal vez ese sea el truco para eliminar el velo de la parcialidad humana y captar la realidad sin juicios. Y entonces, seguro que si miras a una persona por el agujero de la piedra se te haría evidente una sospechosa torcedura de los labios, una fugaz mirada desconfiada y lograrías descubrir sus verdaderas intenciones (o si efectivamente era un duende). Y bueno, quién sabe si así logramos ver lo que siempre ha estado delante de nosotros y nos dejamos de pelear con la verdad/realidad.

Escrito por Pauli Andreu


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Un comentario

  1. Que interesante lo que escribes, Pauli. La realidad es lo que es, no como algo abstracto e independiente de mí, si no simplemente mi realidad, la realidad como se presenta ante mi. Esa podría ser mi verdad, aceptar eso sin tratar de cambiarlo, siendo lo que es y nosotros siendo lo que somos ante eso; como un eco dentro de un eco. O como ese efecto borde donde esa realidad y mi realidad se topan generando nuevas ideas y nuevos ecosistemas.

    Me gustó mucho tu artículo. Te felicito

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